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miércoles, 2 de diciembre de 2009

El Mago de OZ

La literatura entra por los ojos, pero no solamente, leyendo las palabras, sino que, además, observando a la gente que lee. Yo estaba rodeada: mientras  me entretenía leyendo mis libritos una y otra vez, observaba disfrutar de la lectura a toda mi familia.

Es así, que una vez, la vi a mí mamá leyendo tranquila en la cama y me llamó la atención el grosor del libro:


- Mamá, ¿cómo hacés para leer un libro tan gordo?


- Lo voy leyendo de a poco. Leo un poco, marco por dónde voy y después sigo leyendo otro poco, hasta que lo termino.


- Pero, eso es muy difícil, tenés que ir acordándote de todo.


- No, vos también lo podés hacer. Por ahí, podés probar...

¡WAW!, Quedé fascinada.

Fui a mi cuarto y me puse a mirar los libros de la biblioteca de mi hermana, que eran más gordos que los míos, pero no tanto como el que leía mi mamá. La llamé a Betsy y le pedí que me diera un libro grande, pero que yo pudiera leer. Ella observó esos libros con nostalgia, como recordando el momento en que, años atrás los había leído, vivido y disfrutado. Meditó unos minutos y me acercó uno: "Éste es muy lindo, fijate si te gusta"


De pronto tenía en mis manos un libro de 197 páginas, con un único dibujo en la tapa de un mago vestido de azul, un robot (o algo así) y una nena con vestido rojo, en un lugar con flores, colores, un cielo violeta con estrellas y un sol. En un pergamino se leía: "L. Frank Baum, EL MAGO DE OZ, traducción de José Bianco, Ediciones Orion." Adentro las letras eran violetas.

Antes de la cena ya lo estaba leyendo.


Así pasaron unos días, y yo hacía lo que me había dicho mi mamá. Leía un poquito y cuando me cansaba, marcaba por dónde iba y seguía en otro momento; pero, eso sí, lo llevaba a todos lados.

Una noche, me quedé a dormir en lo de mis abuelos. Me acosté en la cama y me quedé leyendo hasta que me encontré en la última palabra de la página 197. Ya todos estaban durmiendo y yo estaba paralizada. Estaba feliz porque Dorotea estaba en su casa de Cansas de nuevo con sus tíos después de haber pasado por tantos contratiempos y haber vivido tantas aventuras, estaba feliz porque con mis casi siete años, había terminado de leer mi primera novela y quería contárselo a todo el mundo. Pero, ¿y ahora? ¿Cómo se hacía para abandonar una historia que me había acompañado durante tantos días? ¿Cómo se hacía para dejar libres a esos personajes que me habían conmovido hasta las lágrimas? Estaba tan angustiada que empecé a leer el libro de nuevo, como hacía con mis otros libritos.

Al día siguiente le conté a mi mamá, muy contenta y orgullosa que había terminado el libro y que me había gustado tanto que lo había empezado de nuevo.


Mi mamá sonrió y me dijo: "Pero, ¿por qué lo empezaste de nuevo? ¿Por qué no empezás a leer otro?

¡WAW!, Quedé fascinada nuevamente.

Mi mamá sí que tenía buenas ideas.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

waw!!!!quedo fascinada con las cosas que escribis.
Me hace feliz saber que una ha hecho cosas buena como mamá.
Mami

Gua. dijo...

Es increíble esa sensación al terminar un buen libro, una buena historia... ¿cómo hacer para ser la misma después? Afortunadamente, es imposible.

SAbry. dijo...

MA: Hay cosas que se transmiten sin tener demasiada conciencia de ello, esas cosas suelen ser las más importantes. Vos me transmitiste tu amor por la lectura desde tu propia experiencia y eso tiene más valor que intentar enchufarle un libro a un/a chico/a porque TIENE que leer.

GUA: ¡Sí, es increíble! Cuando termino de leer un BUEN libro, es como si no lo hubiera terminado porque me quedo como metida en la historia, pensando, hablando, imaginando... No se abandona tan fácilmente un lugar en el que una está cómoda.

Nicolás dijo...

Terminar una novela.
Jaja!. Es agonístico, dionisíaco. Ya lo dijo Federico desde las montañas de Bavaria..
Es el momento más maravilloso de la existencia.
Como tantos otros.....es tan feo y enormemente lindo a la vez.
Es el peor momento de la vida.
Como tantos otros.....nos paraliza tanto que es el éxtasis.
Allá vamos igual, siempre.

SAbry. dijo...

¡ALLÁ VAMOS!