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miércoles, 18 de noviembre de 2009

HISTORIAS

A pesar de que ya podía leer por mi cuenta, seguía disfrutando de que me leyeran un libro.
Incluso hoy, me complace escuchar o compartir una lectura.



Entonces, mi mamá me leía, pero, la verdad, es que me incentivaba más a que lo hiciera sola: "si vos ya sabés leer", me decía. Y entonces, yo elegía unos libritos y los leía una y otra vez. Por eso, empezaron a comprarme más libros. Una tarde mi mamá me trajo dos: "Querida Susi, querido Paul" de Cristine Nöstlinger y uno de un árbol que era lindo, pero no me acuerdo el nombre. Cuando llegó a la noche, yo la estaba esperando en la cocina para contarle que me habían encantado, y que uno lo estaba leyendo de nuevo: "¿Cómo? ¿Ya los terminaste?".



En la casa de mi papá, Vivi y mi papá se turnaban para leernos a la noche, a Hernancito y a mí. Elegíamos un libro cada uno. El tema, es que mi papá lee en voz alta, de la misma forma que uno lee para si mismo: rapidísimo todo de corrido, casi sin parar para respirar. Y entonces no se le entendía nada, aunque mucho no importaba porque ya nos sabíamos todas las historias casi de memoria. Me gustaba más cuando leía Vivi, que tenía más paciencia, ó cuando mi papá inventaba sus propias historias y las repetía una y otra vez a pedido nuestro que nos matábamos de risa con sus ocurrencias. Cuando terminaban, siempre los convencíamos de que leyeran "uno más, el último, porfi". Podíamos quedarnos diez minutos más leyendo en la cama, pero después nos venían a apagar la luz porque ya era tarde. (odiaba ese momento)


Los libros que me encantaban eran los de una colección del estilo "Elige tu propia Aventura", pero para más chicos: "Imagina que eres un pequeño patito que se acaba de mudar al vecindario..." ó "Eres un osito Panda que está esperando que lleguen sus abuelos y quieres ayudar a tu mamá a ordenar la casa..." En un momento tenías que pasar a diferentes páginas según lo que decidías hacer. También, tenía uno que me gustaba llevar al colegio que venía con una ardillita hecha de cartón, que se podía mover por todo el libro, mientras leías la historia, se metía por unas grietas en las páginas y pasaba a la siguiente cuando dabas vuelta la hoja; ¡esa ardillita vivía muchas aventuras! Además, estaba la típica colección de "Teo", los del "Pajarito Remendado" ó los del "Malabarista".


En la casa de mis abuelos tenía dos libros con cuentos clásicos: "Caperucita Roja" y "La Bella Durmiente". Mi abuelo me los leía y después me los hacía leer a mí solita en voz alta.



Incluso en la escuela, a veces íbamos a la biblioteca (o en el aula misma) y nos leían un cuento para que después hiciéramos una actividad relacionada a la lectura. Los que más recuerdo son: "Una trenza muy larga", "La familia Delasoga", "Sapo en Buenos Aires", "La planta de Bartolo", un capítulo de "Platero y yo", un cuento de "Famili".



Pero no todo eran libros en mis inicios en la lectura. Por supuesto, fui víctima de la típica compulsión a leer TODO, y encima en voz alta: O sea: cada cartel en la calle, en la ruta; cada papelito escrito, nota, hoja; cada folleto, cada palabra en la tele... Para colmo, mi hermano (el que tiene un año menos que yo), estaba en la misma etapa de compulsión, así que imagínense un viaje en auto de cuarenta minutos con dos niños leyendo en voz alta ABSOLUTAMENTE TODO.

12 comentarios:

Nicolás dijo...
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Herchon dijo...

A todos los chicos que están en esa época de compulsión a leer todo, y que de casualidad, estén "compulsionados" leyendo este blog, les recomiendo que aprendan a leer o practiquen lectura con los carteles de las calles. Es así como aprendí las calles de la ciudad... Yo era de esos chicos curiosos (creo que algo me quedó de grande) que casi nunca dormían en el auto. Me la pasaba leyendo los carteles de las calles. Y así es como hoy en día, mis amigos me llaman para que les diga como ir o donde queda tal lugar. Lo que sí recuerdo, es que tenía muy buena memoria, (creo que algo me quedó de grande) y cuando iba en taxi al club con mi mamá, no sólo, leía, sino que iba adivinando qué calle venía. Mi vieja chocha: YAtay, Pringles, Rawson, Gascón, Figueroa, Medrano, Salguero, Bulnes... Así dos veces por semana, jajaja. (creo que por eso a veces prefería llevarme en subte, jajaja)
Tengo dos recuerdos de ese viaje de lectura a lo largo de la calle Corrientes... Uno, que la primera vez que leí el cartel de la calle Azcuénaga, el taxi iba rápido y la calle era complicada de leer, así que a partir de ese día la calle se llamó Azunaga. Mi mamá me corregía, pero al final, siempre ganaba yo. Quedaba Azunaga.

La otra calle difícil y que generaba discusiones con mi madre era Jean Jaurès. Mi mamá decía que la calle era "SHAN SHORÉ" y yo le discutía que era "Gean Jáures".
O mi mamá tenía poca paciencia o yo era cabeza dura, porque al final siempre me terminaba dando la razón.

SAbry. dijo...

¡¡JAJA!! Yo tuve la misma discusión con mami sobre la calle Shan Shoré.

¡Qué bueno que se aprendieron las calles leyendo!... yo vivía en una nube, leía los carteles, pero no prestaba nada de atención.
Sigo igual, yo le pregunto a Nico cuando no sé cómo ir o dónde queda tal lado, y siempre siempre tengo una Guía T a mano.
Nico, tiene una ventaja, con respecto al conocimiento de las calles; y es que él nació en Provincia por lo que abarca un expectro más amplio que vos, Herchón.
El Zeide Simón,se empeñaba en que me aprendiera las calles y el camino cuando me llevaba a la Psicóloga en el 36 ó 141, ¡Pobre!, siempre se frustraba, yo siempre tenía la cabeza en cualquier otro lado. (en esa época ya era más grande y se me había pasado la compulsión de leer TODO; sólo leía libros)

Analía dijo...

y cuando nos aburríamos de leer todos los cartelitos habidos y por haber de una esquina de frias y corrientes, nos poníamos a leer TODO, pero al revés...
ayulela!

SAbry. dijo...

AYULELA!, JAJA!
El nombre de éste BLog, también tiene que ver con eso.
Próximamente, se viene una Nota sobre juegos de palabras.
!SAICARG¡

Anónimo dijo...

Despues que falleció mi mamá, nos fuimos a vivir con mis abuelos. Era una casa de gente grande y triste. Mi abuela estuvo enferma bastante tiempo, siempre con jaquecas. Así que sabía que tenia que ser tranquila para no molestar y me refugié en la lectura.Todo un mundo de cuentos de hadas,principes, aventuras, amores,poesia, teatro, novelas, biografías. Todo lo que caia en mis manos lo leia con avidez, sin importar si era adecuado o no para mi edad. Cuando se termino lo que yo consideré potable( incluidas las novelitas de cow boy que tenia mi abuelo). Me hice socia del circulo de lectores. La señora chocha porque le compraba cuatro libros por mes por lo menos, uno por semana. Además de lo que sacaba de la biblioteca del colegio.
Cuando nos mudamos al departamento de Corrientes tenia las librerías a mi disposición ahi nomas, asi que las recorría muy seguido comprando lo que podia.
Mami.

SAbry. dijo...

¡MAMUCHA, qué buena biblioteca que nos armaste!
De chica gracias, al Círculo de Lectores y a la Avenida Corrientes; después recuerdo que ibas a la librería de la vuelta de Casa, una galería que quedaba cruzando Corrientes (entre Frías y Ángel Gallardo), y canjeabas libros para vos y para mí. Igual, los que eran para vos, después, en algún momento, fueron para mí, JAJA!
Ya casi no tengo lugar, pero de todas maneras, no voy a dejar de traer libros cada vez que pase por tu casa.
¡GRACIAS, MA!

Carla dijo...

Sabry!!! Cuántos recuerdos que me trae leer tu blog! Qué lindo porque estaba muy aburrida en el trabajo (como de costumbre) y ahora me No hay cosa más hermosa que la imaginación de un niño. Intentaré fomentar la lectura en Francisquito.
Gracias querida amiga me has alegrado el día!

Carla dijo...

Eh.. Bueno evidentemente la pc no es mi fuerte.. jejeje
Quise poner que me encuentro riendo sola y muy emosionada...

Besos!!

SAbry. dijo...

GRACIAS CARLITA!!!
Qué lindo generar esa alegría y emoción.
A Francisquito le vamos a leer mucho cuentitos y comprar muchos libros.
Me da curiosidad saber los recuerdos que te trajo el blog, jeje.
Besos!!

Anónimo dijo...

Sa! Al igual que Carlita, me emociona mucho leer tu blog y me hacés revivir todas las veces que leí gracias a vos. También me acuerdo de cuando íbamos juntas de vacaciones y te leías en un ratito un libro (que yo me traía a casa de vuelta sin terminar jajaja). Perdón por quejarme de tu insomnio amiga!Besos!
Juli

SAbry. dijo...

¡Chulita! Yo soy la primera en quejarme de mi INSOMNIO, ¡jaja!
Recuerdo tus refunfuños porque querías que apagara la luz, me hacías acordar a cuando compartía el cuarto con BET.
¡Te quiero mucho!